A través de nuestra niñez: Matteo Mezzandri

A través de nuestra niñez:

Matteo Mezzandri

¿Cuándo dejamos de crecer? ¿Cuándo dejamos de ver las cosas con los ojos de un niño? El tiempo nos lleva a dejar de disfrutar de pequeños detalles de nuestro entorno que, durante nuestra temprana edad, se convierten en motivos de jolgorio. La responsabilidad, la patina de seriedad que aparece sobre nosotros, el traje que nos insensibiliza y protege de la sorpresa… Nos alejan de esa forma tan inocente como asombrosa de reconocer el mundo.

Por eso hay algo mágico en este proyecto de Matteo Mezzandri. Es capaz de desnudarnos y rasgar esa pátina, devolviéndonos nuestro asombro cuando contemplamos como niños pequeños una escenografía cuidadosamente realizada, pequeñas ciudades ante nosotros. Quizás en eso está la magia, en despertar este yo interior en unas condiciones que no dejan de ser tan neutrales como formales.

Todas las imágenes han sido cedidas por Matteo para su uso en esta publicación, perteneciendo todas al autor.

Construyendo una ciudad

Matteo para Patio de Sombras

El proyecto «Le Citta’ Minime» es parte de una investigación que llevo haciendo durante varios años sobre la Metropolis contemporánea y los densos sistemas de relaciones sociales que se encuentran en ella. El origen de la idea vino a mí en 2009, durante una estancia artística en Nueva York mientras tomaba unas fotografías en distintas escenas que tenían como fondo diferentes antiguos edificios acabados en piedra marrón y ladrillo rojo del Upper East Side. Tras mi vuelta a Italia expandí y estructuré esas ideas embrionarias y de aquel trabajo fotográfico nació el proyecto actual.

El origen estaba hecho por una idea muy sencilla: un único ladrillo, la parte más pequeña de un edificio, es de algún modo muy similar a un edificio en sí mismo.

«Le Citta’ Minime» es una investigación fotográfica sobre el espacio en el que la mayoría de las personas viven.

Un espacio urbano reconocido en sus estructuras esenciales: los edificios, las calles, los árboles, aunque miradas desde un punto de vista diferente que las distorsiona y recrea.

Las fotografías de la serie «Le Citta’ Minime» son el resultado de una meticulosa puesta en escena, casi obsesiva, una perfecta configuración de una maqueta en la que la fotografía es el único momento final, que se convierte en la única evidencia de la instalación a gran escala hecha en el estudio del artista o en los exteriores.

El uso de programas de edición fotográfico se minimiza, mientras que la atmósfera se recrea con un ingenioso uso de la tecnología. «Le Citta’ Minime» es el resultado de la unión de diferentes lenguajes: escultura, instalación, proyecto arquitectónico y fotografía.

De algún modo, el trabajo nace mucho antes que la toma de las fotografías, que por así decirlo son una mera documentación de la colosal instalación que se situó en mi estudio o en espacios públicos. Creo que la base de la eficiencia visual y conceptual del trabajo es el repentino cambio de punto de vista y el desplazamiento causado por el pequeño cortocircuito visual que ocurre en la mente de aquellos que observan las imágenes. Esto es, a fin de cuentas, el mecanismo fundamental que hace funcionar a gran parte del arte contemporáneo. Para las instalaciones uso el habitual ladrillo perforado, pero es como si invitara a la audiencia a usar la imaginación para ver, a través de esos agujeros, mundos imaginarios y posibles arquitecturas. Básicamente la mitad del trabajo la hace el observador.

Algunas fotografías son oscuras para incrementar la atmósfera de la imagen, en otras ocasiones las imagenes parece dramáticas porque están inspiradas por ciudades reales, como «Cittò minime # 5», que retrata Sarajevo durante la guerra. En genera mi «Città minime» son paseos entre realidad y ficciónn, y esto le da a las fotos una atmósfera surrealista frente al punto de partida tan, tan real.

¿Una mirada a través de nuestra niñez?

A pesar de reconocer la escala de estos elementos, contextualizándolos como parte de un todo, un prototipo de ciudad, hay algo de estricto, de formal, en las atmósferas que se generan. Esto nos lleva a movernos entre sentimientos contradictorios. De forma similar al disfrute que profiere el autor mientras concibe su obra, aparece nuestro niño interior que nos pide gozar explorando desde el espacio aéreo. Encontrar la geometría y orden sobre la que se compone la ciudad. ¿Dónde estaría la tienda de helados? ¿El parque donde pasaría las tardes ensimismado? ¿Cuales serían las vistas desde el ficticio lugar en el que vivo? ¿Nos imaginamos como un gran Godzilla aterrando la ciudad?

Sin embargo, estos pensamientos contrastan notablemente con la atmósfera creada, que sitúa nuestros pies en la tierra para poner en crisis los modelos de ciudad. Parecen excesivamente rígidos y duros. Aparecen otras preguntas. ¿Que ciudad está representada? ¿Estamos sacrificando la identidad de nuestras ciudades en pos de modelos estandarizados que aparentemente funcionan mejor?

A nosotros nos deja una última pregunta; ¿y si recuperamos la mirada de nuestra niñez, para trabajar con la misma emoción e ilusión sobre los nuevos proyectos urbanos?

Referencias_

Matteo Mezzandri

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