-as en mundo de -os

Cristina Calvache

A finales de 2017, dos arquitectas españolas, Marta Parra y Ángela Müller, recibieron el premio internacional IIDA por el diseño del paritorio en el Hospital Universitario HM Nuevo Belén de Madrid. Su proyecto busca ser más acogedor con la mujer y crear un espacio agradable para ellas, el bebé y el equipo médico. Para ello, se han basado en su propia experiencia. El paritorio está pensado como una instalación esencial llena de sensaciones de confort. Su logro no solo se halla en este premio. Eso es lo de menos, la arquitectura no penetra si solo busca triunfos personales. Hasta ahora, allí donde han intervenido las episiotomías han bajado de un 90% a un 10%.

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Nuevos paritorios en la Clínica Belen de Madrid. Fot: David Frutos

El “nosotras parimos, nosotras decidimos” esta vez va más allá y emprende un camino hacia una elección más limpia, tranquila y real. El parto es un momento íntimo y, para la gran mayoría, doloroso. Las mujeres no solo tienen que elegir si hacerlo o no, sino también el ambiente más adecuado. En los últimos años, el número de partos en casa, sin intervención médica, ha crecido. Pero no todas pueden recurrir a este método ya que esta práctica requiere unos requisitos mínimos. El nerviosismo y malestar de la madre en el quirófano puede incentivar ciertas intervenciones. Parece evidente que cuando una mujer está relajada, su vagina también lo está. Pero no resulta tan obvio que abordar la arquitectura desde una perspectiva de género es imprescindible en un sistema patriarcal.

A día de hoy, esta arquitectura es más teórica que práctica. Está dando sus “primeros pasitos” y se concibe como realidad en un futuro muy lejano. Pero más difícil lo tuvieron ellas, las pioneras. Aquellas mujeres que se dejaron eclipsar para trabajar en lo que amaban, las que estuvieron en la sombra o se disfrazaron pero que no titubearon a la hora de ser las primeras en un mundo de hombres. ¿Qué no darían Matilde Ucelay, Rita Fernández Quemadeiros, Aino Marsio o Denise Scott Brown por haber vivido en este siglo? ¿Por ver con sus propios ojos como Unite d’habitation de Le Corbusier no se percibe sin la cocina diseñada por Charlotte Perriand o la arquitectura moderna en Brasil no se entiende sin Lina Bo Bardi? Es imposible dar una respuesta acertada, pero seguro que ellas hubieran cogido las riendas de este nuevo reto y se hubieran tirado a la carretera. Ya lo hicieron una vez, y gracias a eso la arquitectura no se comprende sin la intervención de “el segundo sexo”, ¿por qué no lo harían otra?

Julia Morgan (1872-1957)

La mujer dos veces pionera

En 1896, una veinteañera Julia Morgan llegó a París. El viaje desde la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Berkeley era largo, pero mereció la pena. Julia Morgan fue la primera mujer admitida en la Facultad de Bellas Artes de París y ha pasado a la historia como la primera graduada en arquitectura. Después de una larga lucha, y habiendo desarrollado ya un exitoso proyecto en Berkeley en colaboración con Galen Howard, en 1904 consiguió la acreditación de arquitecto oficial en el estado de California. A partir de entonces, y durante más de 50 años, inició una carrera profesional envidiable, centrada principalmente en la labor social de la arquitectura y que la llevó a construir más de 700 edificios, como el Merrill Hall o la Derge House.

Sin embargo, ella no es la pionera de la construcción. Ni mucho menos. Sus antecesoras se reparten entre Francia en el siglo XVI y entre Italia e Inglaterra un siglo más tarde. Siempre vistas en un segundo plano y tratadas como supervisoras. Poco a poco sus nombres van saliendo a la luz. Katherine Briçonnet o Plautilla Bricci son dos ejemplos de mujeres europeas. Las precursoras que trabajaron los espacios de otras regiones, como, por ejemplo, las mujeres beduinas de Asia Occidental o del Norte África, no han corrido la misma suerte.

Sala de exposiciones del MASP, Brasil. Lina Bo Bardi (1968)

Sobrevivir en un mundo de –os fue y es difícil, quizá no más que un parto, pero si más duradero. Al fin y al cabo, parir no consume toda una vida. La libertad para decidir nuestra carrera, nuestra familia o nuestras bragas se tiene o no se tiene. Y no habrá segundas oportunidades porque, como cantaban Azúcar Moreno, “solo se vive una vez”. Así pues, quitarnos el yugo patriarcal es nuestro reto. Hijas, madres y abuelas luchemos todas para que los triunfos ganados no se vean invalidados porque la sociedad en la que vivimos considere nuestras victorias una amenaza. Sensibles, complejas, diferentes… la historia nos ha maltratado y juzgado pero lo único que tenemos de inferiores es nuestro salario.

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