Color con unidades: Dieciocho colores para un ensayo


Una vez más nos sumergimos en una de las exposiciones del Centro José Guerrero de Granada, en esta ocasión para visitar una exposición muy especial, aunque como siempre, es el color quien la corona. La obra de José Guerrero como pieza central inspiradora trae una vez más una entrega de “El centro visto por los artistas”.

La colección del centro vista por los artistas es un motivo que ha encabezado ya dos exposiciones del centro, siendo esta la tercera. La visión contemporánea de la obra de Guerrero genera un cruce de miradas, cuanto menos, interesante.

Promovida esta vez por la artista granadina Paloma Gámez, el centro se llena de color al interpretar la obra de José Guerrero, albergada ahora en la primera planta de este, como un filtro que sienta las bases entre la deconstrucción y el análisis.

84.084 mililitros de color

color: planta baja

 

Como quien recibe la bienvenida a un taller de pintura activo, la exposición se abre con una sucesión de grandes manchas de pintura condensada, secada y almacenada. Tal y como indica la carta de apertura, la pintura se ha filtrado desde la planta superior y se ha precipitado al suelo sin cuidado, manteniéndose fresca con el espíritu de Guerrero.

420.367 segundos de color

color: planta 2

Tras atravesar la sala donde la exposición con las obras de Guerrero muestran colores contundentes y puros, ascendemos a una sala vacía, una sala donde el visitante se convierte en la obra, como salpicado por el pincel de Guerrero una vez más. Dos proyectores enfrentados provocan colores cambiantes en paredes opuestas, generando una experiencia casi onírica en la que esta vez somos nosotros quienes nos hemos precipitado en el interior de uno de los cuadros, para experimentar el significado del color para José.

120.316 centímetros cuadrados de color

color: planta 3    color: planta 3

 

Para coronar la exposición, nos elevamos hasta el mirador –…en una ciudad de miradores, hay quien diría-, donde nos aguarda, cribando la fabulosa vista de la catedral de Granada, una serie de transparencias de color, suspendidas en una suerte levitada. El resultado quizá puede calificarse de mágico, donde los colores se encuentran con la vista y con el reflejo, poniéndonos en la piel de José Guerrero, su visión, su abstracción, su obra deconstruida a los ojos del visitante, comprendida y expresada.

Se construye una exposición pautada, bien resuelta que asciende en complejidad al irnos sumergiendo en la obra de José Guerrero para finalmente devolvernos a la realidad, una realidad alterada ahora por una nueva visión, que yacía inherente y que ahora ha despertado.

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