El increíble hombre menguante

arquitecto gulliver valencia
«El Gulliver» en el parque homónimo – Valencia

«Es habitual en la profesión, cada vez que acometemos un nuevo proyecto, encontrar arquitectos que de repente, y sin previo aviso, aumentan su tamaño hasta alcanzar los 20 o 30 metros -incluso los 100, si el proyecto lo requiere-. Llegado este punto, con pasos de gigante y vista de águila se dirige hacia el lugar que está a punto de transformar, no sin antes recoger unos cuantos colegas y expertos, que cargará en su chepa y quienes realizarán la labor de susurrar al oído del titán casual.

Tras otear el horizonte cuatro o cinco veces, se acerca al lugar de puntillas y sin hacer mucho ruido, para hacer honor a su nombre: El increíble hombre menguante. Este extraño ser comienza a encoger, primero desde los pies, quedando unos metros elevado sobre el suelo en una suerte de atalaya, para caer y seguir menguando cada vez más.

Llegado el caso, el arquitecto vuelve a su altura cotidiana, habita la arquitectura en su tamaño habitual -valga la redundancia-, ríe, llora y camina por el espacio proyectado en su menguante travesía.

Sin embargo, y para su diversión o desgracia, el viaje no ha acabado; el hombre menguante aprovecha su poder, disminuyendo de nuevo, metiéndose en cada resquicio, en cada encuentro, detalle e instalación con el tamaño de un ratón, o de una mota de polvo cuando la situación lo requiere.

Cuando este voluble ser ha visitado cada una de las situaciones mínimas del proyecto… Entonces suelta el lápiz y levanta el trasero de la banqueta

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