El espacio público es la ciudad

El urbanismo contemporáneo, heredero del movimiento moderno surgido en el siglo pasado, ha olvidado el hacer ciudad como producto integral e integrador, dando lugar a modelos de urbes con una clara hegemonía del vehículo privado que condiciona el resto de usos y funciones y que relegan a un segundo plano el espacio público.

En ese contexto, el espacio público actúa exclusivamente como soporte a la función de movilidad, dando lugar a la denominada ciudad de tránsito” (Navazo), de desplazamiento entre origen y destino, sin que esta función se alterne con otras funciones urbanas. El espacio público dedicado a otras actividades (diferentes a las de movilidad) se reduce a ámbitos concretos, reducidos y aislados del resto de elementos urbanos que componen la ciudad.

No obstante, la ciudadanía cada vez es más consciente de que el modelo de ciudad en la que habita no le permite vivir en comunidad, participar en la vida pública. Por ello comienza a ser urgente el rescate del concepto de ciudad como conjunto de usos y funciones distintas para cuya coordinación es necesaria una organización urbana dinámica, siendo el lugar donde ésta se desarrolla el espacio público.

El espacio público debe ser un lugar que acepte las distintas actividades que quieran realizar sus ciudadanos en el tiempo. Debe ser un espacio activo de la ciudad.

El espacio público debe albergar otros usos además del de tránsito: es necesario el cambio hacia la “ciudad hogar” (Navazo), de compatibilización de actividades de convivencia con el desplazamiento, es decir, un espacio público “convivencial”. Se trata de recuperar las funciones propiamente “urbanas”, promover la diversidad de personas en la calle, la participación ciudadana, el incremento de la apropiación y del sentimiento de pertenencia a un lugar. Sin un espacio público así entendido puede hablarse de urbanización pero no de ciudad, y su importancia es máxima si se tiene en cuenta que las características del espacio público es el indicador de la calidad de una ciudad.

La consecución de esta transformación requiere pasar de la congestión-degradación existente en las ciudades a la conservación-transformación. Para ello se hace necesaria la apertura de calles y/o plazas, la reconversión de vías urbanas monopolizadas por el tráfico rodado, la mejora en ajardinamiento, mobiliario urbano, iluminación, equipamientos socioculturales, la animación lúdica y comercial (ferias, exposiciones, fiestas…). Lo anterior desembocará en la mejora del funcionamiento urbano, la promoción económica, la redistribución social, la mejora ambiental y la integración cultural. Y el único elemento capaz de articular esta metamorfosis será el espacio público.

¡Creemos espacio público, creemos ciudad!

EG Arquitectura

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