La generación que jamás colgó sus cuadros

Actualmente, más del 20% de la población española habita viviendas de alquiler, aunque esa cifra se dispara entre personas de entre 20 y 39 años, hasta llegar a los 11 millones de ciudadanos, casi un cuarto del total. Además, más de la mitad no se plantean adquirir una vivienda en los próximos 10 años.

La llamada “Generación No-Credit”, como hemos sido apodados, recibe su nombre al no ostentar créditos bancarios ni hipotecas, si no habitar por medio de arrendamientos. Las razones son variadas, aunque evidentemente, la justificación económica es la más extendida: En una generación que se enfrenta a la mayor tasa de paro de la historia de la economía contemporánea, nuestra situación de acceso al trabajo fijo y el nivel de los sueldos no permiten ni siquiera plantear una hipoteca en los núcleos familiares, compuestos por una a tres personas fundamentalmente.

Por otra parte, la razón de la flexibilidad y la movilidad toma peso, quizá en relación con lo anterior. Los integrantes de esta generación no nos planteamos asentarnos en una ciudad específica, si no que la migración -nacional e internacionalmente hablando- queda dentro de nuestros planes. Comprar una vivienda sería una carga tanto física como económica.

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La empresa FindProperly dedicó un estudio a enlazar el mapa del metro de Londres con el precio medio de los alquileres en cada zona

Lo que aprenderemos de la Rent Generation

El resultado, más allá de una generación de trotamundos en potencia, si se me permite llamarnos así, es una sensación de desafortunada inocencia, de habitar lugares de manera efímera que contrasta con la convención del hogar inculcado en la infancia. Habitar se ha convertido en un constante apropiamiento de espacios cambiantes, incluso con limitaciones en esta tarea -colgar un póster o un cuadro, reformar o personalizar el mobiliario…-

Evidentemente, no quiero decir ni que todas las situaciones sean esas, ni que este cambio en el convencionalismo sea un paso atrás. Sin embargo, este ciclo constante de apropiación del espacio más personal que tenemos puede ayudarnos a comprender otros procesos ¿Cómo hacemos propio el espacio público, limitado en sus transformaciones? ¿Existe la comodidad en estos espacios, o es solo acostumbramiento?

Desde aquí, sólo queremos lanzar un grito un tanto mudo por una juventud -ya no tan joven- que ha visto la inestabilidad y la precariedad como un estilo de vida, y ha tenido que apropiarse de la situación con la mera intención de hacerla soportable ¿Es ya la hora de colgar nuestros cuadros?

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Src: Zed Books Blog

Fuentes

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