¿La “vivencia” o la vivienda?

La actual fisonomía característica de la periferia de las ciudades, resultante de un urbanismo acelerado y protagonizada por calles desproporcionadas e inmensos bloques edificatorios, provoca que, a pesar (o a causa) de los amplios viales y áreas verdes presentes en estas nuevas zonas de expansión urbana, no existan espacios de convivencia y de encuentro que permitan reflexionar, individual o colectivamente, sobre si las prisas y el “autismo” forman parte de nuestra naturaleza.

Ante este panorama de escalas poco “humanas” que desvinculan totalmente el edificio de la ciudad, la ciudad de los ciudadanos y los ciudadanos de los ciudadanos, cabe plantear la posibilidad de crear otros espacios para convivir. Y puesto que en este contexto el urbanismo convierte en inútil el intento arquitectónico de recuperar la calle como un elemento de convivencia, quizá deba ser el propio edificio el que aporte soluciones.

¿Realmente es este modelo de convivencia el que ansía la sociedad, o le es más atractivo un modelo “individualista” como el que ha conseguido implantarse de forma casi general?

Este planteamiento trae a la memoria aquellas casas de vecinos de no hace tanto tiempo, edificaciones plurifamiliares en las que cada vivienda, lejos de quedar limitada por las cuatro paredes que la envolvían, se extendía hasta los pasajes y patios comunes; aquéllas en las que las relaciones personales comenzaban en la unidad familiar y se ampliaban hasta abrazar al resto de residentes; aquéllas en las que, además de habitar, se vivía. Sin duda, éstas podrían ser el punto de partida para propuestas actuales: los objetivos de entonces se mantendrían hoy (la ventilación, la regulación de temperatura, la salubridad…), y también la transformación de zonas meramente funcionales del edificio en espacios lúdicos, de convivencia, de refuerzo del concepto de comunidad.

No obstante, a pesar del entusiasmo que desprende la idea, no es capaz de mitigar un recelo: ¿realmente es este modelo de convivencia el que ansía la sociedad, o le es más atractivo un modelo “individualista” como el que ha conseguido implantarse de forma casi general? Y es que, siendo honestos, hoy en día, tener conciencia de vivir o no en comunidad no es una cuestión que forme parte de la vida diaria, posiblemente debido a que no se tiene constancia de otras alternativas que permitan comparar y elegir: sencillamente, lo que hay, es. Así pues, la simple posibilidad de elección que introducen propuestas como la planteada las convierte en sustanciales, de ahí su interés.

Retomando la idea (sustancial e interesante ya), en la concepción de un edificio de viviendas que buscara el objetivo planteado seguramente primaría la interrelación entre las distintas áreas comunes, entre los distintos niveles y entre todos los elementos mencionados entre sí; también sería fundamental la permeabilidad del edificio frente al medio exterior (paisaje, clima, sociedad…). Esta interconexión no buscaría otra cosa que la comunicación y la integración de los habitantes del edificio y las de éstos con la ciudad.

El resultado sería “edificios de vivencias”.

convivencia
Dibujo original para “El Taray”, edificio colectivo en Segovia

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