Urbanismo en tres dimensiones: El Taray

Autor: Miguel Rosón Mozos

A mediados del siglo XX, surgen una serie de propuestas de conjuntos residenciales, asociadas a la tipología de bloque lineal, con una nueva mentalidad en cuanto a la manera de habitar. Una impetuosa visión de la forma urbana, que reinterpreta los espacios exteriores a la vivienda, expresada en cuatro niveles: la casa, la calle, el distrito y la ciudad. Son los Smithson, en su propuesta no realizada del Golden Lane londinense los precursores del concepto de “calle elevada” o “calle aérea”, entendida como ámbito de relación inter-vecinal, prolongación inmediata de lo doméstico al exterior. Las actividades de ocio de cada familia se extraen a este nuevo espacio, un espacio seguro, de encuentros casuales, juego de niños, un lugar donde poder realizar las más variadas actividades en comunidad. La idea se materializa unos años después en el Park Hill de Sheffield, realizada por Jack Lynn e Ivor Smith.

Es esta condición, revolucionariamente urbana, la que establece una diferencia clara con su antecedente: La “galería de distribución”, sistema empleado en edificios como el Narkomfin moscovita o las Unidades de Habitación lecorbusieranas, en los que los espacios de acceso a las viviendas eran meros pasillos de distribución, de ningún modo condensadores de la vida común de los habitantes.

Unidad vecinal «Pío XIII», Segovia, 1963

Taray Alzado
Alzado noreste del conjunto. Elaboración propia

Es en la ciudad de Segovia, en la Unidad Vecinal del Taray donde el concepto de “calle elevada” cobra su máximo significado y expresión.

El Taray se sitúa en el lienzo norte del casco histórico de Segovia, en una escarpada ladera con un desnivel total de unos veinte metros, muy próximo al perímetro amurallado de la ciudad. El total de 114 viviendas se reparten en cinco bloques, ordenados en la parcela perimetralmente, en forma de U, a distintos niveles, delimitando un espacio interior abierto y ajardinado.  El tipo de vivienda predominante es el semidúplex, con una planta en dos niveles y una diferencia entre ambas de media altura. Esta disposición permite la comunicación horizontal a través de galerías de acceso, desde las cuales se llega a la vivienda ascendiendo o descendiendo media planta. El valor del Taray reside en llevar el concepto de calle elevada a otro nivel. Aprovechando el gran desnivel de la parcela, se genera un complejo sistema de calles a distintas alturas, que no solo resuelven el acceso a las unidades residenciales, sino que incorpora un componente de urbanismo a gran escala, uniendo dos zonas de la ciudad, históricamente desconectadas por la pendiente. Se aplica así el denominado por el propio arquitecto, José Joaquín Aracil Bellod, “urbanismo en tres dimensiones”, configurando un complejo entramado de comunicaciones al servicio tanto de los residentes, como de los viandantes que buscan llegar de un punto a otro del casco urbano.

 

Taray
«El Taray» en 1962. Fototeca del patrimonio histórico, Archivo Pando. Ph: Juan Miguel Pando

Habitar «El Taray»

Los accesos quedan inadvertidos mediante el deslizamiento de los bloques: no existen puertas, cualquiera puede acceder al conjunto, recorrer sus calles, atravesar sus pasarelas y llegar al otro lado del gran desnivel. Los límites de la edificación se desdibujan, la ciudad se extiende por los edificios, los comunica entre sí y consigo misma, propiciando encuentros, relaciones, conversaciones y convivencias.

El éxito de este sistema de “calles elevadas” está estrechamente ligado a su naturaleza. Se trata de espacios de generosas dimensiones, con una pavimentación similar a la empleada en las vías urbanas, cubiertas y abiertas al exterior, generando una serie de visiones cruzadas entre los bloques del conjunto y sobre el entorno de la propia ciudad. El límite de los espacios de las viviendas queda desdibujado al ocuparse parte de la galería con las ligeras estructuras de los tendederos o trasteros exteriores, compartidos por dos viviendas, estableciendo de este modo una relación de transición entre el espacio privado interior y la galería de comunicación.

La actualidad vecinal

A día de hoy, la vida en la calle es una práctica cada vez más inusual, relegada a los primeros habitantes, que aún conservan en su memoria el espíritu cooperativista con el que nació este conjunto. Los viandantes anónimos siguen empleando el conjunto para conectar dos puntos de la trama urbana, y quizá gracias a ello aún se conserva algo del espíritu y la naturaleza del proyecto primigenio, que aún no ha sucumbido a la marginalización, como ocurrió en el caso del Park Hill.

La calle hoy en día es riesgo e inseguridad, conseguir la ansiada privacidad supone la creación de barreras, para separarnos del resto de nuestros semejantes. Y esto ocurre en el Taray, donde algunos vecinos, olvidando el pasado han cerrado sus galerías con cancelas y porteros automáticos, desvirtuando por completo la naturaleza del proyecto original, transformándolo en un portal al uso, precisamente aquello de lo que huía en su concepción.  Resulta sorprendente que los ideales de cooperación, interacción y convivencia que en la actualidad persiguen las cooperativas de «coovivienda» o «cohousing», como método de ruptura con el individualismo del mundo actual, muestren unos notables paralelismos con un proyecto de vivienda realizado en 1963, y quizá esta podría ser la manera de salvar el Taray, aquel que supuso, en palabras del propio Aracil, el “principio y fin de una utopía».

Bibliografía

– Imagen de cabecera: «El Taray» en 1962. Fototeca del patrimonio histórico, Archivo Pando. Ph: Juan Miguel Pando

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– Aracil Bellod, J. J. 1972. Principio y fin de una utopía. Revista Arquitectura. Número dedicado a Segovia. Madrid. Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid.
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