¿Ideas o identidades?

Imagen de cabecera: Librería para la escuela de Gando, Francis Kéré.

La necesidad de romper con el pasado y mostrar una arquitectura contemporánea, tecnológica, y barata, llevó a la arquitectura moderna a desentenderse de los contextos, de la historia de los lugares, centrándose en la definición del espacio y la técnica constructiva. En la actualidad, parece que existen dos corrientes, aquella que sigue esos pasos que iniciaba el movimiento moderno, y otra que parece querer reconciliarse con los lugares e identidades locales.

La hegemonía en el panorama arquitectónico actual oscila entre ambas, y varía dependiendo del punto geográfico en el que nos encontremos, desde las altas torres de Dubai, hasta los térreos y humildes edificios de Gando. Pero, ¿siempre siguen unas pautas tan nítidas? ¿Una corriente defiende la identidad local, y la otra la ignora? ¿Dónde están los grises de ese degradado monocromo?

Sobre abstracciones puntuales en el tiempo y el lugar

Dos lugares geográficos de características similares. Dos momentos diferentes en el tiempo. Dos formas de entender lo contemporáneo. ¿Qué tienen en común y en qué se diferencian Habitat 67 de Moshe Safdie y Silodam de MVRDV?

Habitat 67 aparece como un proyecto soñado en una tesis doctoral. Un apilamiento de sistemas constructivos que promete brindar la vivienda del futuro con la premisa de que además, esta debe ser barata, contar con las ventajas que ofrece la densidad urbana de las ciudades, y rescatar la naturaleza, aire fresco, y jardines de la vivienda rural. Todo esto pasado por un tamiz que dota al proyecto de cierto espectáculo, fantasía, de un aire escultórico que hoy día se vería con malos ojos en algunas de nuestras escuelas de arquitectura.

El proyecto toma forma cuando se realiza la expo de Montreal de 1967, y aparece la pregunta ¿Existe la identidad en este terreno baldío y a desarrollar en este evento?

Podemos entender que a los ojos de Safdie el proyecto es una utopía que se sitúa sobre una «tabula rasa». Se busca generar espacios naturales, pero, ¿es eso enraizarse en la naturaleza del lugar? Podrán tenerse en cuenta los patrones de sombras, de ventilación, ¿pero nos habla eso de la identidad del territorio?

Casi 50 años después, en un lugar donde existían unos muelles en Ámsterdam y como si ahora de un carguero con contenedores se tratara, se materializa otro apilamiento de viviendas que queda sobre la lámina de agua del río IJ. Un proyecto de carácter mucho más solemne, que no se permite excesivos gestos arbitrarios. En la época de la justificación del más mínimo detalle, los diferentes tipos de acabado aparecen para contar que dentro existen diferentes tipologías de viviendas, la forma se compacta y evita la arbitrariedad, y donde antes en Montreal se buscaba la naturaleza, aquí se limita a abrirse a ella con las amplias aperturas de las habitaciones.

Aparentemente estamos ante un proyecto de apariencia contemporánea, nueva, ¿pero va a ser siempre así? La forma de Habitat 67, fruto de su originalidad, parece conferirle una juventud inmortal. El diseño niega la capacidad de envejecer del mismo. Inmortalidad gracias a la originalidad. ¿Qué ocurre con Silodam? Su futuro no está tan claro, actualmente es un concepto original, pero es más fácil de copiar, de imitar. Su originalidad no le confiere la otorga la capacidad de ser inmortal. ¿Se convertirá en una obra obsoleta, del mismo modo que observamos los edificios construidos en los 80 con métodos punteros en el momento, y que ahora resultan arcaicos? ¿Igual que esos falsos techo de oficinas que ahora nos entristecen al entrar, cuando antes nos hablaban de tecnología punta?

¿Es esta la forma en la que la moda entra en la arquitectura? ¿Dónde queda la idea? ¿Dónde se asocia la idea al material? ¿Cuándo puede la idea a través del material convertir al proyecto en un ser inmortal?

Sobre la muerte por repetición

Iconos. Iconos por todas partes. Iconos en ciudades históricas, en ciudades nuevas pero que se construyen sobre tramas de edificios de apariencia homogénea. Iconos que primero son elementos únicos de la ciudad… Pero más tarde en muchos casos acaban siendo imitados por otros edificios con afán de protagonismo. ¿Quizás ese es el problema? ¿El afán de protagonismo?

Estos iconos justifican su distancia a las identidades locales porque precisamente con ese gesto de apartarse, consiguen potenciarlas. Consiguen sumar por su diferencia. La naturaleza escultórica en la mayoría de estos casos hace que sean elementos sobre los que opinar de manera subjetiva y encontrar tantas opiniones como personas habitan el mundo, pueden «gustarnos» o «disgustarnos», pero lo que no podemos negar es que potencian el entorno en el que se encuentran por esa diferencia. Nos hace ser más conscientes de lo que hay alrededor, que pasa a convertirse en un telón de fondo, cuando antes en muchos casos quedaba como una mera neblina de fachadas a la que no prestábamos la más mínima atención.

Sin embargo, esta originalidad se vuelve en contra de la ciudad cuando en su trama comienzan a aparecer otros edificios que buscan identificarse con el icono, como si este fuera la nueva identidad de la ciudad. ¿Lo es? Este humilde servidor no lo cree, es un catalizador, pero no es el objeto capaz de dotar de una nueva identidad a la ciudad, porque si desaparece la trama que rodea al icono, este pierde todo su sentido. Si los edificios que rodean al icono lo imitan, el icono se transforma también en esa neblina difusa. En ese proceso la identidad de la ciudad, antigua, arrasada, habrá muerto por ese afán de protagonismo, de repetición, de mímesis de lo llamativo. ¿Es así como morirán algunas de nuestras ciudades?

Casa da Música, OMA.

Sobre la esperanza

Sin embargo no queremos quedarnos con mal sabor de boca, no todo está perdido -En el caso de que pensemos que esa forma de actuar antes mencionada nos lleva a la perdición, insistimos, existen tantas opiniones como personas en el mundo, y nos gustaría conocer vuestro punto de vista-.

En este afán por querer ser contemporáneos, de nuestro tiempo, pero al mismo tiempo hablar de las identidades locales, y ayudarse de ellas para hacer proyectos que realmente sean sostenibles desde un punto de vista económico, material y social, volvemos a construir con barro. Volvemos a construir con madera. Con bambú.

Estamos en un momento en el que abrazamos los materiales que se han usado tradicionalmente. Pero ya hemos superado esa imitación de lo antiguo. Ahora nos dejamos llevar por las formas que nos enseñó el movimiento moderno, por esos espacios diáfanos y amplios. Dejando de lado el high-tech, y permitiendo que estas formas aprendidas de los «grandes maestros» se mezclen con otras locales, aprendemos a relacionarnos, a redescubrir las identidades locales.

Porque en este caso estos edificios sí podrían considerarse parte de la identidad local, y no «catalizadores» de las mismas. Porque seguramente estos edificios acaben siendo tan inmortales como los barrios en los que se ubican, al conseguir mimetizarse con los edificios ya construidos, a la par que mantienen el interés de sus espacios y formas. De su lenguaje.

Escuela de primaria en Gando, Francis Kéré.

¿Quizás sólo teníamos que descubrir que la identidad también está en la construcción?

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