Olafur Eliasson, el hombre del tiempo

Quizás el nombre de Olafur Eliasson no le suene, pero seguro que en alguna ocasión ha llegado alguna pieza de su trabajo a su teléfono móvil, perfil de Facebook o Instagram. Podríamos decir que es el «señor del tiempo» del mundo del arte, ya que desde que su carrera alzara el vuelo allá por el año 2003 -nada más y nada menos que en la Tate Modern de Londres- su discurso ha sido el de trabajar desde las experiencias del tiempo. Sin embargo este mensaje ha evolucionado en estos últimos años, y del mismo modo que Olafur ha crecido como artista o el tiempo ha cambiado, aunque algunos se esfuercen en negarlo, su obra ha virado hacia la gravedad en la que se encuentra nuestro planeta. Olafur ya no nos habla sobre cómo está el día, ahora nos habla sobre cómo está el clima.

The Weather Project, Olafur Eliasson en la Tate Modern (Londres). 2003.

En la Tate, el autor nos regalaba una experiencia. No se trataba tanto del mensaje detrás de la obra, cómo sí de las sensaciones que despertaban en nosotros el revivir de forma artificial esos eventos tan naturales como puede ser una puesta de sol. Recrear atmósferas para regalar experiencias. Quizás esto sea lo más mágico de su trabajo, en estos ambientes artificiales es capaz de conectar con nuestro espíritu, capacidad de sentir, quizás incluso más que si nos encontráramos en la naturaleza de dicho evento. ¿Se debe esto al contraste por quedar contenido? ¿Al ser conscientes del artificio de la pieza? ¿Por el hecho de «enmarcar» el evento, dándole importancia? Sin embargo este es el Olafur que nos habla del tiempo, y ahora ha venido para preocuparnos por el clima.

De atmósferas a reflexiones

Simultáneamente con una nueva exposición en la Tate Modern de Londres que estará hasta el 5 de Enero de 2020, aparece otro trabajo que se ubica en la Fundación Serralves, en Oporto. ¿Lo peculiar de ambas? Ya no solo hay sensación, ahora también hay mensaje. Al menos un mensaje mucho más contundente que en sus trabajos anteriores.

«Y/Our future is now», un grito en el que el autor nos invita a dejar de reflexionar sobre las cuestiones relacionadas con el cambio climático para afrontarlas definitivamente, todo esto con unas piezas que tratan de hacernos pensar sobre cuestiones como el origen, las relaciones, la pasividad…

Uno de los atractivos de la obra es el uso del jardín de la fundación para la exposición de algunas piezas, convirtiendo la experiencia en un paseo por la naturaleza en la que aparecen trabajos extremadamente artificiales que contrastan con la búsqueda de la evocación de los eventos naturales de sus trabajos anteriores.

Aparece el mensaje. El «loop», la repetición, algo que parece evocar a la frase «Quién no conoce su historia está condenada a repetirla». Sin embargo, en esta época de la sobreinformación parece que no podemos ser ignorantes de nuestro pasado, ¿qué nos lleva a cerrar ese «loop»? La inactividad, la sobre-reflexión, la falta de interés. Olafur preguntaba en la presentación de su obra lo siguiente: «¿Por qué no escribís cada uno una carta desde un futuro imaginado dentro de 30 años, preguntándoos a vosotros mismos que hicisteis mal en el 2019 para que todo acabara tan mal?”

Alquitrán como veneno en algunas piezas, espejos que refuerzan la idea de no cesar de pensar, en lugar de actuar, con esos «loops» flotando, inmóviles, congelados e ignorantes del tiempo que transcurre.

Quizás en estos trabajos el autor no nos regala esas atmósferas a las que nos tiene acostumbrados, quizás ese «hombre del tiempo» ha cambiado el significado de «tiempo», en el sentido de clima, por el de momento. Quizás ese es el verdadero mensaje: Si no actuamos ahora, él ya no podrá volver a regalarnos atmósferas, porque no le quedarán eventos naturales en los que inspirarse.

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