Sobrevivir sin ser superviviente: La influencia del arte precolombino en Europa

La historia de Europa está marcada por diferentes puntos de inflexión, momentos que lo cambiaron todo o abrieron nuevos horizontes. Aunque sin lugar a dudas, 1492 es un año marcado en rojo en esta extensa lista: La caída del último bastión del Al-Andalus, que pone fin a la llamada Reconquista, dista en once meses de un momento que sacudió Europa: La llegada o el «descubrimiento» de América. A partir de ese momento, una carrera colonizadora entre las diferentes potencias del ya llamado viejo continente arranca: La apropiación de bastas extensiones de tierra para explotar sus recursos marcaría la supremacía. En consecuencia, las civilizaciones que habitaban estas tierras, que pasarán a ser llamadas «precolombinas», fueron diezmadas, obligadas a trasladar sus hogares y, en muchos casos, aniquiladas por completo entre luchas y enfermedades.

Las culturas que perecieron en el desarrollo de este genocidio conformaban un pantone artístico al menos tan extenso como el que existía en Europa en ese mismo tiempo, y del que poco ha llegado a nuestros días. Ruinas de antiguas arquitecturas ceremoniales, planteamientos urbanísticos imponentes u objetos sagrados, son ejemplos que conocemos de culturas como las Inca, Nazca o Paraca. El estudio y conocimiento de estos restos, la cultura popular transmitida oralmente y documentaciones de los mismos colonos, han conseguido, aún así, que consigamos conocer un poco más de pueblos tan culturalmente profundos.

Desde los Mayas a la Bauhaus

El intento de investigar y conocer las diferentes culturas no ha cesado desde el «descubrimiento», y la documentación que ha generado ha fascinado a expertos en diferentes campos a ambos lados del océano. Arquitectos y artistas americanos, como Barragán o Kahlo, enraizaron su obra en una tierra que había vivido mucho antes de la llegada de los europeos. Sin embargo, justo en la costa opuesta, al otro lado del Atlántico, estas raíces también se convirtieron en objeto de interés para dos figuras muy reseñables en la historia del arte moderno europeo, y su docencia.

Josef Albers (1888-1976) fue un maestro de primaria alemán que comenzó a interesarse por el arte tras observar a Matisse, Cézanne y Mondrian. Tras presentar su primera obra abstracta, comenzó su formación en el arte, como teórico y práctico, buscando la inspiración en las culturas precolombinas, a quien comenzó a conocer a través de libros, fotografías y reportajes. Un año después de la formación de la Bauhaus en 1919, Albers entra a formar parte de la plantilla docente, y con su traslado a Dessau en 1925, ascendió como director de contenidos de iniciación. Albers conoció aquí a la que sería su compañera de viaje, Annelise Fleischmann (1899-1994), una diseñadora y artista con quien contrajo matrimonio, compartiendo la fascinación por las culturas precolombinas. Juntos desarrollaron toda una doctrina pedagógica dentro de la Bauhaus basada en sus conocimientos, a la par que comenzaron a viajar a Cuba, Mexico, Perú, Argentina…

El arte precolombino de los Albers

Con la clausura de la Bauhaus en 1933 por el ejército nazi, la pareja se exilió a Estados Unidos, donde, recibidos por el arquitecto Philip Johnson, continuaron su carrera teórico-pedagógica en la universidad de Carolina del Norte. Este traslado aumentó su curiosidad al poder convivir ahora en las tierras que tanto habían estudiado, por lo que comenzaron a recoger, fotografiar y catalogar cada elemento precolombino al que se enfrentaban, consiguiendo generar un excelente registro recogido en la exposición «Una maravillosa confluencia».

El matrimonio terminó sus días en Estados Unidos, trabajando conjuntamente tras retirarse de la docencia en el taller textil de Anni, donde dieron cabida al conocimiento acumulado sobre cada una de las culturas que habían conocido, y que habían aplicado durante años en sus teorías del color y forma, en su pedagogía y cuya huella dejaron en la conocida Bauhaus.

precolombino
Portada del libro que ilustraba sus viajes por Latinoamérica

Fuente: 1, 2, 3

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