No todas las ventanas pueden ser circulares

Y es que la ventana no puede permitirse el lujo de deformarse, estirar o achatar a voluntad de aquel que porta el lápiz -o el ratón, en su caso-. Y no, la verdad es que no todas las ventanas pueden ser circulares.

Cuando el muro, vertical o algo retrepado, pero siempre digno, acuerda permitir la abertura de un hueco, las dimensiones y la forma vienen de la mano con un objetivo al que la perforación destinará el resto de sus días. Un cometido que asignará al espacio la cualidad de existir de un modo concreto ¿De verdad es una decisión estética el sino de un ser tan valioso?

 

ventanas barragan
Las ventanas de la Casa Gilardi (Luis Barragán – Mexico 1976) tamizan una luz tintada de amarillo que marcan el patrón del tránsito por la estancia.

Si primamos la horizontalidad del hueco, el paisaje se muestra agradable, lejano, casi enmarcando el horizonte. La verticalidad, por el contrario, potencia la violencia en la entrada de luz, marcando un ritmo en su movimiento con la precisión de un reloj suizo. Sus dimensiones pueden ser imponentes o ridículas, pero siempre cumplen un cometido: Mirar , ventilar, iluminar… Su simple existencia las dota de función.

Sin embargo, la ventana circular va un paso más allá, a un territorio místico.  Asomarnos a ella nos pone en el punto de mira, en el epicentro de la propia ventana que nos orienta en dirección a un entorno de la que es ahora una mezcla entre óculo y HAL9000. El ojo se convierte en el obturador de una cámara fotográfica que ansía acaparar el mundo: El visor pasivo se convierte en un oteador activo; la pupila dentro del iris a veces ciego.

 

ventana mon oncle
Fotograma de la pelícla Mon Oncle (Jacques Tati, 1958), donde la ventana circular tiene un papel primordial.

Por eso mismo no todas las ventanas pueden ser circulares. El objetivo de la abertura puede ser muy diverso, pero en el momento en que sus ángulos se tornan curvos hasta besarse, el observador que la atraviesa con la mirada se funde con ella conformando el astrolabio imposible, abduciéndolo a una función tan profusa y determinada, que si algún vanidoso aventurero -de los de ratón o lápiz- se atreviese a poner más de una, o más de dos, de estas en un solo recorrido, sería imposible para el viajero el mero transitar por el edificio sin perder su sentido del ser, su identidad o género, para pasar a ser tan solo la pupila de un ojo avieso.

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